H120 MUSICA- Justin Townes |
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| extra contents issues - Lunes 07 de Febrero de 2011 14:33 | |||
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Por si nunca le han visto, deberían saber que Justin Townes Earle es, como diría mi madre, más largo que un día sin pan. Tan altote, todo brazos y piernas y tatuajes. El único punto de referencia que uno encuentra al mirarle son sus ojos: una mirada dura y profunda, como de haber vivido mucho y no precisamente demasiado bien. No es de extrañar porque, no vamos a ponernos en plan drama queen, pero hace apenas unos meses el chico tuvo que cancelar parte de su gira norteamericana por un repentino ingreso en rehabilitación. Por otra parte, como dice un amigo mío, hoy en día eso de ir en limos sin bragas y entrar y salir de rehab como si fuera el aseo queda hasta como un poco de 2008… En cualquier caso, poniéndonos un poco serios, estas cosas siempre son una desgracia y nos alegramos profundamente de que su estancia en rehab haya sido tan breve y exitosa (apenas un mes) y ya haya podido retomar su gira para presentar en directo ese discazo que es “Harlem Blues River” (Bloodshot / Houston Party, 2010).
Después de toda esta chapa gossip que os acabo de soltar, sé que las menos marujonas os habréis quedado dándole vueltas a la cabeza: “¿Townes Earle? ¿Townes Earle? ¿De qué me suena?”. Pues sí, amigos, claro que os suena: Justin es el hijo del afamado cantautor Steve Earle. Y, pese a que su relación paterno-filial no ha sido precisamente la de las Acciones de Gracias idílicas americanas, dicen haberse reconciliado. En cualquier caso, de él ha tomado su pasión por la americana, género en el que ha sido nombrado como uno de los mejores artistas emergentes en los últimos dos años. También es posible que os suene porque la revista “GQ” lo eligió como uno de los 25 hombres más estilosos del mundo. ![]() Esa pinta de malo malote y de haber vivido una vida no del todo fácil se transmite claramente a través de su cuarto álbum, el mencionado “Harlem Blues River”: un trabajo en el que su voz rota nos cuenta historias tristes a la luz tenue de unas guitarras country que trotan sin premura sobre ritmos rock. Bob Dylan y el Springsteen más inspirado son los ecos que resuenan en este largo. En resumen, americana de toda la vida pero con el filtro de una sangre joven y de casta, como es la de Justin Townes Earle. Sea como sea, no tomen a este chico como a cualquier otro compositor nacido en las malogradas tierras de Tennesse, no. Justin tiene fondo, tiene pasión, tiene raíces, tiene una melancolía anclada tan profundamente en su ser que, de conseguir arrancarla, se desangraría sin remedio. Y este largo es otra emocionante batalla con esos fantasmas que todos tenemos (unos más que otros), a veces a golpe de gospel, a veces cargándose de blues, a ratos aprovisionándose incluso con algo de bluegrass y, en muchas ocasiones, fortaleciéndose a base de rockabilly. La canción que da título al álbum, “Move Over Mama”; “Wandering”, la tremenda “Chistchurch Woman”… Todas van construyendo una pared de ladrillos que, al final, sólo al final, descubres que no era un muro, sino una puerta para de entrada. Bienvenido.
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